Miguel de Unamuno y Jugo
Pensador y literato vizcaino, nacido en Bilbao el 29 de septiembre de 1864, descendiente de comerciantes vascos de ideología liberal. Era primo de Telesforo de Aranzadi, uno de los pioneros de la antropología vasca.
Idoia Estornés Zubizarreta
Miguel de Unamuno y Jugo
Niñez.
En 1870, a los 6 años de edad, queda huérfano de padre. Cinco años después comienza el bachillerato en cuyos cursos finales se embebió de literatura foralista «éuskara»: Goizueta, Araquistain, Navarro Villoslada, Trueba, etc., como también del federalismo de Pi y Margall. En sus memorias recuerda haberse criado en el mismo ambiente que los hermanos Arana Goiri y que «estudiaba con todo ahínco el vascuence, en libros ante todo, y buscando luego toda ocasión de oírlo hablar y aun hablarlo». Son los años finales de la II Guerra carlista que de forma tan indeleble iban a quedar grabados en su mente.
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Miguel de Unamuno y Jugo
Juventud euskerista.
En 1880 publica su primer artículo La unión hace la fuerza en «El Noticiero» de Trueba. Marcha a Madrid a estudiar Filosofía y Letras; el ambiente universitario le causa la misma mala impresión que a Pío Baroja, contemporáneo suyo. Pero las lecturas del Ateneo madrileño --Kant, Hegel, Spencer, Taine, Carlyle-- le compensan con creces. Deja de ser un católico practicante hacia 1882 para abrazar la fe positivista. Termina la licenciatura en 1883 y al año siguiente se doctora con una tesis titulada Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca, «fruto de largas tareas», en la que ya se sitúa en guardia ante «El exagerado espíritu de localidad que vicia nuestras investigaciones» y manifiesta ya su crítica a la literatura fuerista y su desconfianza en la capacidad del euskera para la vida moderna. Comienza su colaboración con la sociedad «El Sitio», de la que es socio y contertulio, con tres conferencias en 1886. Admira a Pi y Margall. Inicia sus meditaciones existencialistas. Con 23 años concurre (1887), junto con Resurrección M.a de Azkue y Sabino Arana, a las oposiciones para la recién fundada cátedra de lengua vasca convocada por la Diputación de Vizcaya, y no obtiene la plaza (que gana Azkue). Son años de gran interés unamuniano por la lengua privativa a lo que contribuye, sin duda, su noviazgo con la guerniquesa Concha Lizárraga. Su Agur, arbola bedeinkatube!, aparecido en la revista «Euskal-Erria» (1888), pone de manifiesto su amor por una lengua que «anuda a los nietos con los abuelos» y que constituye, según él, «el recipiente de la sabiduría de los padres». No fue ésta, según él mismo escribe, su única pieza en la lengua adquirida. Pero, euskera aparte, su fe euskalerriaca se ha disipado; más aún, se ríe ya abiertamente de ella en escritos como La sangre de Aitor publicado en 1891.
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Miguel de Unamuno y Jugo
La marcha a Salamanca.
Con 27 años casa con Lizárraga y triunfa en las oposiciones a la cátedra de Griego de la Universidad de Salamanca (1891). Aborda nuevas inquietudes y abandona, aunque nunca del todo, los estudios vascos. Se siente agnóstico, lee a Marx, del que le atrae, especialmente, su análisis económico de la sociedad. En noviembre del 94 se afilia al PSOE y colabora desde octubre con destacados artículos en «La Lucha de Clases» de su villa natal. Sus enemigos son los nuevos «condes siderúrgicos», el antimaquetismo bizkaitarra, y la España apolillada de fin de siglo. Bajo forma de artículos aparece en «La España Moderna» (1895) su En torno al casticismo, demoledor ataque al «marasmo actual de España» y a la obra de lo que llama «la Inquisición latente»... «instrumento de aislamiento, de proteccionismo casticista». Unamuno, entonces europeísta convencido, quiere calar en lo popular vivo, «intrahistórico». «Tenemos que europeizarnos --dice-- y chapuzarnos en el pueblo (castellano)». Ese mismo año, en que se da a conocer al público culto, colabora con Joaquín Costa con el artículo Vizcaya de la obra «Derecho consuetudinario y economía popular de España».
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Miguel de Unamuno y Jugo
Crisis y maduración.
En marzo de 1897 suele situarse la llamada «crisis religiosa» de Unamuno, el conflicto entre razón y necesidad de trascendencia, el «agonismo», desencadenada acaso por la hidrocefalia de su hijo Raimundo. Abandona el PSOE, aunque no sus publicaciones en «La lucha de clases» donde uno de sus artículos antibelicistas sobre Cuba (Los tribunales militares, 1897) provocó el procesamiento de su director. Tampoco el método dialéctico ni su fe en el «pueblo». Lee a Hegel, Ferri, los Evangelios, San Teresa, Krause, Fray Luis, Kierkegaard, etc. Vuelve esporádicamente al euskera: «hoy siento de nuevo amor hacia él y he vuelto a su cultivo» escribe ese año a Emilio de Arriaga. «Yo no sé lo que será, tal vez que entro en verdadera madurez, y con cuatro hijos ya, pero siento en mí una gran evolución de ideas y que hundiéndose cuanto tenía de negativo, me completo y arreglo». Publica entonces su magnífica Paz en la guerra, llena del Bilbao de su niñez, en el que el análisis de las estructuras económicas y de clase (recuérdese el Bilbao por dentro) y la documentación le permiten efectuar una reconstrucción impecable de la última carlistada (el tema carlista fue puesto de moda por la generación del 98).
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Miguel de Unamuno y Jugo
Juegos Florales de 1901.
El 26 de agosto de 1901 se celebran en el teatro Arriaga de Bilbao sus primeros Juegos Florales a los que se invita a Unamuno, rector de la U. de Salamanca, ausente de la villa desde hacía cinco años. En su polémica disertación el pensador analiza el papel desempeñado por Vasconia atlántica --ni cita ni alude a Navarra-- en la formación del Estado español e insta a los vascos a diluirse en éste y a enterrar definitivamente el euskera: «Un pueblo que en otro se vierte, se agranda; no muere, resucita. Dad vuestro oro sin importaros el cuño. A la gran aleación española primero, a la humana después, llevaremos nuestro metal»... «Lo que no se logra con medidas de gobierno, el interés propio lo hace. El intento de unificar, prematura y violentamente, retarda y dificulta la integración fecunda y razonada»... «La mejor lengua es la propia, como es la mejor piel la que con uno se ha hecho; pero hay para muchos pueblos, como para otros organismos, épocas de muda. En ella estamos. En el milenario eusquera no cabe el pensamiento moderno; Bilbao, hablando vascuence, es un contrasentido... Tenemos que olvidarlo e irrumpir en el castellano, contribuyendo en hacer de él, como de núcleo germinal, el español o hispano-americano, sin admitir monopolios casticistas, que no es un idioma un feudo de heredad.»... «Nuestra alma es más grande ya que su vestido secular; el vascuence nos viene ya estrecho; y como su material y tejido no se prestan a ensancharse, rompámosle.»... «¿Y el vascuence? ¡Hermoso monumento de estudio! ¡Venerable reliquia! ¡Noble ejecutoria! Enterrémosle santamente, con dignos funerales, embalsamado en ciencia; leguemos a los estudios tan interesante reliquia.»... «La vida ante todo, la vida concreta; y la vida nos trae la pérdida del vascuence»... «Tened, además, en cuenta que hay que acabar y completar la obra de la reconquista española, desarraigando las taifas que aún nos quedan, extirpando el beduinismo»... «Algún tributo podemos aportar a esta pobre nación (española), tan calumniada, y que debemos creer está de muda». El discurso tuvo una instantánea repercusión que se reflejó en la prensa de la época. El día 31 emitía D. Pío Baroja su opinión. Da la razón a Unamuno respecto al estado y a la incapacidad del euskera para vehiculizar la gran cultura pero se niega a preconizar su desaparición por el hecho de que haya «éuskaros y bizcaitarras (que) se hayan dedicado a encubrir sus ideas sacristanescas con el euscarismo». «Al morir el vascuence --afirma-- sin honra alguna para la patria, sin favorecer en nada el desarrollo del pensamiento, desaparecerá un matiz pintoresco de la Península, una nota más, simpática y amable, de la vieja España que, siguiendo este camino, llegará a ser el país más uniforme y monótono del mundo». Bien diferente fue la reacción del mundo euskalzale y, sobre todo, la del nacionalismo vasco encarnado en su fundador Sabino Arana Goiri que asevera que «si tales cosas se hubieran dicho a otro pueblo oprimido que no sea el pacífico vasco, en su misma casa, por uno de sus propios hijos, el orador habría pagado muy caro su intolerable atrevimiento». «Asegúrase que aquí --añade-- el respeto a las damas contuvo al pueblo en el Teatro; pero a la verdad, el que la misma compostura se observara en la calle aquella noche y los días siguientes, sólo puede explicarse por el respeto a la policía». Arana cree a Unamuno un ser tornadizo que «lo contrario de lo que entonces dijo pudo muy bien decirlo al día siguiente, seguramente lo ha dicho en alguna ocasión y es probable lo vuelva aún a decir»; atribuye el pronunciamiento unamuniano al afán de medrar en la Corte y a los «tres distintos revolcones» sufridos en el Bocho: fracasos en la cátedra de euskera, fracaso en las oposiciones a cátedra del Instituto y su fracaso al aspirar al cargo de Archivero de la Provincia. Finalmente, frescos aún los ecos del desastre del 98, alega: «Si pretendéis que el pueblo vasco, perdida ya su personalidad política, pierda también su personalidad étnica, fundiéndose con el pueblo de allende el Ebro para engendrar un nuevo pueblo ¿por qué no discurrir lo mismo respecto de España y no preconizáis sea invadida y avasallada por el anglo-sajón, por ejemplo?». Unamuno mantuvo su tesis sobre el euskera hasta el final de sus días lo cual no obsta para que sintiera una especial ternura hacia la lengua que apasionara su primera juventud. Lo mismo puede decirse de su antibizkaitarrismo que nunca degeneró en manifestación de animadversión hacia su tierra de la que siempre escribió con extremado cariño.
Idoia Estornés Zubizarreta
Miguel de Unamuno y Jugo
El crítico de la Monarquía
Con el comienzo de siglo se inicia la plena producción unamuniana y un distanciamiento crítico hacia el régimen monárquico que irá haciéndose cada vez mayor. Pese a no apoyar en 1909 la campaña a favor de Ferrer y Guardia, su enemiga a la Monarquía le hace ser destituido de su cargo de rector de la Universidad de Salamanca, siendo Bergamín Ministro de Instrucción Pública y Dato Jefe de Gobierno (1914). Declarado aliadófilo, visita el frente italiano. Al acaecer el desastre de Annual, toma parte en la campaña de exigencia de responsabilidades. Fue procesado en 1921 por la publicación del artículo De la mendacidad vigente en el periódico ilustrado «Nuevo Mundo», artículo considerado injurioso para el trono. También por otro artículo, De actualidad. Intereses ilegítimos publicado en «El Liberal». En víspera de la toma del poder por Primo de Rivera se halla en el cenit de su fama. Ha publicado ya: De mi país y Amor y Pedagogía (1902), Vida de D. Quijote y Sancho (1905), Por tierras de Portugal y España (1911), Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos (1913), Niebla (1914), El Cristo de Velázquez (escr. 1914, publ. en 1920), Abel Sánchez (1917), La tía Tula (1921) y Andanzas y visiones españolas (1922). Es evidente su interés por los «antihéroes», por lo inconsciente en la historia, por las fuerzas genésicas, los arquetipos (en las «nivolas»), por una «europeización» en la que pensaba había que «imponernos en el orden espiritual de Europa, hacerles tragar lo nuestro, a cambio de lo suyo». Y, sobre todo, por su propio «yo», la insondable «yoidad» unamuniana.
Idoia Estornés Zubizarreta
Miguel de Unamuno y Jugo
Enemigo de la Dictadura.
El general Primo de Rivera tuvo en Unamuno un enemigo tenaz. Sin embargo, pese a aceptar contribuir «a la obra, tan meritoria, de la Sociedad de Estudios Vascos» (carta a Apraiz del 23-II-1923), el 1 de enero de 1924 se manifiesta en el teatro Arriaga contrario a la «Universidad Vasca» preconizada por Eusko-Ikaskuntza, días después del mitin con el que se inicia el ataque frontal de los primorriveristas contra esta prestigiosa institución vasca, de la que Unamuno era socio. Salvo esta indeliberada colusión, ataca al ejército y a los golpistas siendo, al final, deportado, el 20 de febrero de 1924, a Fuerteventura donde permaneció, junto con otros, hasta el 9 de julio, en que consiguió evadirse, llegando el 26 a Cherburgo. Se traslada a París, donde reside y experimenta otra gran depresión, hasta que en 1925 se afinca en Hendaya (Lab.) siendo visitado por toda clase de disidentes. Ese año aparece la edición francesa de La agonía del cristianismo y los sonetos De Fuerteventura a París. En el «Mercure de France» aparece al año siguiente Cómo se hace una novela. Fueron célebres sus vitriólicos escritos sobre Primo de Rivera y su activa colaboración desde 1927 en «Hojas Libres». Pudo, por fin, repatriarse en el período Berenguer, el 9 de febrero de 1930, cuando tenía 66 años. El 12 de este mes se inicia la campaña republicana definitiva contra la Monarquía con un acto en su honor celebrado en el frontón «Ramuntxo» de Irún. Allí pronuncia Indalecio Prieto su célebre frase «O con el Rey o contra el Rey» que Unamuno, a vueltas todavía con la guerra carlista, hizo suya convirtiéndola en el ritornello de toda su campaña antialfonsista. Los días 1-3 de mayo registran su triunfal regreso a Madrid donde en una manifestación, reprimida, muere un obrero. La policía lleva a Unamuno a Salamanca. Ello no obsta para que desde allí se traslade para participar en los mítines republicanos, como el de Vitoria del 24 de agosto. Ese año aparece su San Manuel Bueno, mártir. En octubre inicia su colaboración con el semanario de izquierda vasca «Frente».
Idoia Estornés Zubizarreta
Miguel de Unamuno y Jugo
Diputado en las Cortes Constituyentes.
Unamuno volvió a España como cabeza intelectual visible de la oposición revolucionaria. Como tal vino, ya implantada la República, a Eibar, el 3 de mayo del 31, al acto de entrega del Decreto que declaraba a Eibar «Muy ejemplar Ciudad». Rechaza la República federal, a la que califica de «sentimentalismo», y se posiciona (es Presidente del Consejo de Instrucción Pública) en contra de la implantación del bilingüismo oficial en el País Vasco y Cataluña calificándolo de «disparatado». Estas fueron, entre otras (urgencias de la reforma agraria, neutralidad de la enseñanza, etc.) las ideas que llevó a las Cortes Constituyentes de 1931 a las que llegó, como independiente, merced al voto socialista de Salamanca. En ellas se ratifica en su discurso de 1901 manifestando que le parece «impío inocularle (al euskera) drogas para alargarle una vida ficticia». Participó en la discusión sobre el Estatuto de Cataluña oponiéndose a la cooficialidad del catalán aunque votó positivamente al mismo (1932). En toda su oratoria se advierte recelo hacia los partidos políticos, que hacen «cosas de ideología y de disciplina de problemas en que eso no puede hacerse» y contra el sentido patrimonial de los republicanos. Y es que, como dice Bécarud, desaparecidos el general y el monarca, «surge en él, muy comprensible, el gran desánimo, la depresión de que son presa aquéllos cuya mecánica mental está centrada sobre la lucha contra un sistema de dominación» y «esta depresión momentánea le hace compararse en La antorcha del ideal... con Moisés y preferir que los otros pasen el Jordán de esta nueva España ``federal y revolucionaria''». Para noviembre de 1932 es un enemigo declarado de la política de Azaña (religiosa, agraria, autonómica) y desconfía de las masas. Reitera querer alejarse cuanto antes de la política para volver a la actividad docente.
Idoia Estornés Zubizarreta
Miguel de Unamuno y Jugo
Los últimos años.
Al finalizar la legislatura vuelve a Salamanca. En 1934 se jubila y recibe el nombramiento de «rector vitalicio», fiesta enturbiada por la dolorosa muerte de su esposa (que le dio 9 hijos), a la que asisten, además de las autoridades de la República, la Diputación de Vizcaya, la Junta de Cultura Vasca, el Ayuntamiento de Bilbao y la Sociedad de Estudios Vascos representada por Angel Apraiz. Sigue siendo concejal del ayuntamiento de Salamanca que, en 1935, le nombra «ciudadano de honor». Lleva años insistiendo en que ésta no es «su» República aunque no se suma a los debeladores del liberalismo crecientes en España y en Europa. Su decepción le hace apoyar, sin embargo, el alzamiento de julio de 1936 pensando que esta vez los militares vienen a salvar la «civilización occidental». Fue depuesto por Azaña. Pero los acontecimientos, sobre todo la muerte de amigos e inocentes cercanos a él, se encargan de desengañarlo.
Idoia Estornés Zubizarreta
Miguel de Unamuno y Jugo
Solo y desesperado.
Los últimos meses de su vida --reflejados en El resentimiento trágico de la vida y el patético Cancionero-- se convierten en los más atormentados de su existencia. El 12 de octubre se produce su célebre enfrentamiento con el general Millán Astray. Es el Día de la Raza y se celebra un acto académico en la Universidad. Hugh Thomas relata así el incidente: «Después de las formalidades iniciales, Millán Astray atacó violentamente a Cataluña y a las provincias vascas, describiéndolas como «cánceres en el cuerpo de la nación. El fascismo, que es el sanador de España, sabrá cómo exterminarlas, cortando en la carne viva, como un decidido cirujano libre de falsos sentimentalismos». Desde el fondo del paraninfo, una voz gritó el lema de Millán Astray: «¡Viva la muerte!». Millán Astray dio a continuación los habituales gritos excitadores del pueblo: «¡España!», gritó. Automáticamente, cierto número de personas contestaron: «¡Una!», «¡España!», volvió a gritar Millán Astray. «¡Grande!», replicó su auditorio, todavía algo remiso. Y al grito final de «¡España!», de Millán Astray, contestaron sus seguidores «¡Libre!». Algunos falangistas, con sus camisas azules, saludaron con el saludo fascista al inevitable retrato sepia de Franco que colgaba de la pared sobre la silla presidencial. Todos los ojos estaban fijos en Unamuno, que se levantó lentamente y dijo: «Estáis esperando mis palabras. Me conocéis bien, y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces, quedarse callado equivale a mentir. Porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia. Quiero hacer algunos comentarios al discurso --por llamarlo de algún modo-- del general Millán Astray que se encuentra entre nosotros. Dejaré de lado la ofensa personal que supone su repentina explosión contra vascos y catalanes. Yo mismo, como sabéis, nací en Bilbao. El obispo --y aquí Unamuno señaló al tembloroso prelado que se encontraba a su lado-- lo quiera o no lo quiera, es catalán, nacido en Barcelona.» Se detuvo. En la sala se había extendido un temeroso silencio. Jamás se había pronunciado discurso similar en la España nacionalista. ¿Qué iría a decir a continuación el rector? « Pero ahora --continuó Unamuno-- acabo de oír el necrófilo e insensato grito, «Viva la muerte». Y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían, he de deciros, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. El general Millán Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero desgraciadamente en España hay actualmente demasiados mutilados. Y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más. Me atormenta el pensar que el general Millán Astray pudiera dictar las normas de la psicología de la masa. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor». En este momento, Millán Astray no se pudo detener por más tiempo, y gritó: «¡Abajo la inteligencia! ¡Viva la muerte!», clamoreado por los falangistas. Pero Unamuno continuó: «Este es el templo de la inteligencia. Y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaríais algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho». Siguió una larga pausa. Luego, con un valiente gesto, el catedrático de derecho canónico salió a un lado de Unamuno, y la señora de Franco al otro.» El incidente no trascendió al público debido a la rigurosa censura. Se le retiró el título de rector vitalicio, fue cesado como concejal y quedó aislado, física y socialmente, como traidor para los dos bandos. Para colmo de desdicha los «enemigos de la inteligencia» se reclaman de él utilizando incluso sus textos y frases cuando él sólo ve dos bandos: «los hunos, con sus rebaños, y los hotros (sic), con sus hordas». Intenta, en vano, exiliarse ante «la dictadura que se avecina», que adivina mil veces más terrible que la que combatió en los años 20. Llega a expresar a un joven visitante vasco, el tolosarra Luis Olarra, que «los únicos que tienen razón son los nuestros, los gudaris». Lo que le queda de vida se consume al fin el 31 de diciembre, cuando cuenta con 72 años. Moría uno de los más universales escritores vascos, aquel poeta profundo, pensador atormentado, novelista de garra y dramaturgo vanguardista que, expresándose en un castellano de deslumbrante belleza, había reiterado hasta la saciedad su raigambre vascónica en frases como ésta: «Soy vasco, en efecto, por todos los setenta y ocho costados, de casta, de nacimiento, de educación y, sobre todo, de voluntad y de afecto». Se iba también un ser contradictorio, odiado por el clero, polémico pero «persona de afabilidad y finura exquisitas» (J. Caro Baroja). Meses después, en febrero del 37, su hijo Ramón Unamuno, miliciano en el batallón Numancia, caía gravemente herido en el frente. Nadie podía vaticinar entonces que Unamuno, repudiado por ambos bandos, de publicación, venta y lectura prohibidos por la Iglesia (1942), vituperado aún por el obispo Pildain en 1953 como «hereje máximo y maestro de herejías» y en carta pastoral de 1964 por el obispo Gúrpide, iba a ser, pese a haber casi desaparecido de las librerías, uno de los autores reverenciados por la nueva juventud antifranquista.
Idoia Estornés Zubizarreta
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lunes, 29 de junio de 2009
Miguel de Unamuno – Rimas
¿Qué es tu vida, alma mía?, ¿cuál tu pago?,
¡lluvia en el lago!
¿Qué es tu vida, alma mía, tu costumbre?
¡viento en la cumbre!
¿Cómo tu vida, mi alma, se renueva?,
¡sombra en la cueva!,
¡lluvia en el lago!,
¡viento en la cumbre!,
¡sombra en la cueva!
Lágrimas es la lluvia desde el cielo,
y es el viento sollozo sin partida,
pesar, la sombra sin ningún consuelo,
y lluvia y viento y sombra hacen la vida.
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